sábado, 30 de enero de 2010

Matemos

Matemos Julia, a dos, tres
de esos magnates dueños de Chile.

Démosle un tiro en la nuca,
mejor en la sien. Antes, mucho antes que salga el sol.
Hagamos mil trizas esta cultura oficial
y despertemos para siempre. A ver sí algunos,
se levantan con nosotros a morir por algo.

Matemos Adriana,
esa casta de madres asesinas. A ver si brilla
la estrella de la tarde.
Asesinemos para renacer
sin hacernos el harakiri.

¿Dime, quién nos va a salvar
de esta sumisión, la peor de todas?
Nos han hecho lisiados,
pobres hombrecitos, unos financistas
de tercera mano.

Esta noche, te desnudarás para siempre.

Alcemos entonces la mirada
para atrás. A ver si encontramos esos hombres,
quizás cráneos, desentierros y muertos.

Ya nos mataron Felipe, esos gringos
con sus oscuras cifras.
Nos dispararon en la nuca.
No miento.

Ya perdimos todo. Somos grasa, carne de cañón.
Y nadie hace nada.
Esta noche te divertirás. Drogas, hash y cocaína
y mañana resaca.
En vez de colgar los dedos en la pared,
denunciemos esta esclavitud, aceptada
y firmada en todas las notarias de Santiago.

Ciudad de grandes matarifes,
de humo y guitarra eléctrica.
Juntemos la verdad en pedacitos, que duele
como la haría un balazo. Somos cómplices,
cobardes y asesinos,
o más bien sirvientes, tímidos.
Pero hay un cielo de cristal. Y tú nombre
me llena la piel de tatuajes.

Quiero volver a ser por un instante,
lo que me quitaron. Una mujer Selkman.

Volver la mirada
recta y ver otra cosa, para eso tiene que correr sangre.
Vamos ex Frente Patriótico, Grupos de Fuerza y de locura,
no se laven la cara.
Que más da, si ya perdimos todo.
Y hacemos el loco. Somos unos pobres seres
pidiendo auxilio, permiso a la estatua
de la libertad.

No madre, no quiero trabajar más
en este campo de concentración.
Pero sería capaz de cualquier cosa,
por ver a este pueblo despierto.
Sin copiar
las basuras, sin rogar
por el dólar.

Ay Lucía, mejor muérete
porque las palabras, fine,
baby, hit, red , son tan satánicas como tú.
Parece más digno decir
que estoy enferma de ver a mi pueblo tan sumiso
y agobiado. No quiero trabajar para magnates.


Si mañana tengo
que acostarme con ellos, te juro
Isabel, voy a matarlos.
Y ahí espero recién empiece
el primer grito de una violenta revolución.

1 comentario:

  1. Me agrada el primer poema que leo de Ud., señora Isabel... como que es la chispa que enciende el interés por leer su poesía.

    "El sur también existe" y debemos recuperarlo..!!

    Saludos,

    Jobral

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