La playa se extendió para ella solamente. Estuvo mirando el agua, no dejaba de ir y venir. Se quedó sentada hasta cuando la vinieron a buscar para llevársela con otros, niños. Apretó en la mano derecha fuerte, muy fuerte, un pedazo de caracol y pensó no separarse jamás del juguete . Sabía que el paseo seria corto. Era el último día, un domingo de sol.
No podía quedarse por más tiempo. El lugar era demasiado bello, para durar mucho.
La casa donde Aurora se encuentra es grande y no se sabe cuanto tiempo vivirá allí. Sus padres, tienen que cambiarse. Ella por el momento esta feliz en el patio.
Siente admiración por algunas personas mayores. Aurora quisiera ser como ellas. Les trasmiten cierta fascinación. Trata a cada momento imitarlas, lo mejor que puede. A veces, bajo los árboles grandes del patio ha tenido sentimientos, de dolorosa rebeldía. Al imitarlas momentos siente después, denigración y se hunde rápidamente en algo profundo que no entiende.
Dolores es su ídola. Es una mujer demasiado linda. Siempre lleva en sus dedos varios anillos, el pelo suelto. Es delgada, de risa libre pero esto no molesta. Los ojos apenas maquillados. Ella viene los sábados y se queda hasta tarde.
Aurora, esta profundamente enamorada de Dolores. Y cuando la ve, corre detrás, pero ella solo se acerca para sacar manzanas que caen del árbol, nada más. Después, le acaricia el pelo, y se va con paso lento mientras Aurora se la queda mirando extasiada. En una sumisión máxima.
Cuando está cerca de Dolores, Aurora siente el poder secreto de esta mujer. Un magnetismo delicioso. Aurora solo quiere ser así. Que llegue un día para despertar. Tal como es Dolores. Solo por un momento tener algo de ella.
Esa serenidad, que Aurora envidia con locura. Siempre la deja en ridículo, cuando Dolores toma un pedazo de pan lo hace con gracia, en cambio ella pierde tranquilidad por estar demasiado preocupada de la admiración que siente por Dolores.
Los pies de ella son blancos, y sus dedos se disuelven en las sombras al cruzar la entrada de la casa. Aurora, ha intentado hacer lo mismo, y no ha resultado, ha fracasado.
Las manos también tienen esa cualidad de quedar vueltas hacia un misterio, donde sus dedos se vuelven hacia el pensamiento de Aurora. Eso, la hace sufrir mucho más. Entonces empieza a contar con sus propios dedos los años, que le faltan para ser igual y decirle,
Te adoro eres lo máximo, eres una verdadera diosa, pero Dolores no la mira.
Y cuando Aurora lo hace, ella le dice,
_ ¿ Porque me miras tanto, mi niñita.?_
Aurora tiene gestos de pena, y no quiere que nadie los descubra. Eso le nació desde que sintió por primera vez que la amaba tanto, también a Ignacio. A él quizás no tanto, tiene una voz que no le gusta mucho.
Pero le produce fascinación, como él se expresa rápidamente, o la forma como le toca las mejillas después de decirle, pequeña. O cuando salta para recoger algo, o cuando lo sorprende sacando cuentas, con la calculadora. Le gusta todo entero. No sabe que , pero también sufre por adorarlo. Eso tiene un precio bajo el manzano. Ese precio es la repetición de los ensayos. Imitarlos, y fracasar...
El carácter de Ignacio la rodea de tranquilidad, esto que la lleva a imitarlo con dulzura y pasión. Entonces le gusta antes de empezar el rito, que siempre consiste en: hacer tres rayas en la pared.
Una es él, la segunda ella, la última, significa que soñara con Ignacio. Seguro. Luego, se pone triste, enseguida se acuesta a mirar el cielo varios minutos antes que su cuerpo se ponga en movimiento.
El carácter de Dolores la invade con frenesí, para luego dejarla en blanco, en un estado de largas impresiones que duran muchas horas. Es como el murmullo parecido al esfuerzo, que hace contra sus movimientos.
En el caso de repetir el nombre de Ignacio, y de Dolores con pasión, sucederá que los sonidos se cruzarán. Entonces, Aurora no soportaría verlos demasiado cerca. Los quiere solo, para ella pero separados.
Ignacio al lado derecho, y ella al lado izquierdo. Toda una eternidad.
Solo ser ella la imitada, seria lo máximo. Ser el centro, de todo, que no hubiese nadie entre los tres. Decirles, te amo Ignacio, haz esto para mi, solo por mi. Solamente para mi, cómprame un vestido y vísteme, luego, bésame la frente, varias veces.
Te adoro Dolores, si es verdad. Enséñame a quererte, porque no sé como hacerlo todavía, no me atrevo, y tengo tanto miedo a equivocarme. Si trato alguna vez de ser gentil, enséñame a no equivocarme a no depender tanto de tu sombra, de tu risa. Enséñame por favor a salir de tu prisión, para ir en busca de Ignacio y ser yo, la única.
Aurora hoy se cambió de vestido. Salió a esperar a sus padres, quienes le dijeron que no vivirían más en esa casa. Preguntó donde iban a hacerlo, no le dijeron nada. Al caer la noche llegarían a otra casa más chica. Pero con patio.
El corazón de Aurora saltaba de felicidad, solo porque en el cambio iba a estar cerca de Ignacio. Dolores no iba a venir. Entonces estaría sola , con él.
Antes de cambiarse, tomaron un poco de té, comieron rápidamente pan tostado. Pero a Aurora le sobrevino un pesar enorme. No entendió el porqué. Entonces se puso a juntar un cuaderno con otro. Lo hizo en forma rápida. Hizo como que sacaba cuentas, como Ignacio, pero pensó que nada de eso era igual como él lo hacía. Le dio vergüenza. También falló.
Pronto se fue a su pieza a buscar las cosas que tenia que llevar. Su madre le ordenó que se apurara. Aurora dijo a su madre,
_ Porqué eres mi madre, y no eres otra mejor._ Su madre la tomó, para que se quedara en la oscuridad de la habitación, pero no pudo decir nada. Las dos se quedaron, solas, como si las hubiesen abandonado.
Aurora preguntó por Dolores, su ella contestó que no sabía nada, que no vendría. Tenían que pensar en el cambio de casa.
El cielo se puso oscuro. Y empezó a llover despacio. Los juguetes que estaban dentro de una caja de cartón, se mojaron, la caja se rompió. Sería la última vez que Aurora los vería en ese lugar
.
Casi todo estaba mojado. Los árboles, el pasto medio seco, maltratado, y el jardín de invierno de la casa . Aurora, tenía casi seis años cuando abandonó esa casita modesta de la calle Salvador en Santiago. Ella la adoraba. Ahora llegarían a otra más chica y mucho más oscura.
El trayecto hacia la nueva casa se hizo más difícil, llovió mucho. Los vidrios del vehículo, estaban empapados. Al llegar , había alguien que los esperaba para entregarles las llaves. Era un señor de pelo blanco muy delgado.
Lo primero que vio Aurora, fue un pasadizo en sombras, y también , ventanas con vidrios. Algunos redondos, otros con dibujos en formas geométricas, eso le hizo gracia.
De inmediato corrió por el pasadizo, era frío. Todo era húmedo como un lugar que hubiera conocido antes. Según ella , en otra vida.
Sus padres, empezaron a colocar los muebles. Muebles oscuros, viejos, un televisor que ella apagó de inmediato. Aurora quería conocer su dormitorio. Lo vio, era estrecho , feo. No le gustó.
La cocina, era pequeña con muebles antiguos, y estanterías viejas. Las baldosas eran feas. Entonces , sucedió algo. .Sintió vergüenza de recibir a Dolores. Qué diría ella al ver todo esto tan añoso.
Le manifestó a su madre, porqué no buscaban otra casa mejor, al día siguiente rápido, mañana mismo. Insistiendo casi con desesperación. Su madre la hizo callar.
El patio era diminuto, a penas cabía una mesa con algunas sillas. Las murallas no eran lo suficientemente lisas, para rayar. Y donde iba a repetir los nombres de sus dioses, sin que las escucharan. ¿Dónde? Todo lo tendría que hacer en silencio. Eso era una prisión. No era una casa.
_ Mañana saldrá el sol,_ dijo alguien . Ahora nos se puede hacer mucho _ Dejemos las cosas hasta aquí, Ignacio, escuchó decir a su padre, gracias por todo.
Aurora solo quería irse lejos con Dolores. Lejos de ese lugar aunque fuese ahora mismo, o mañana. Lejos con Ignacio y sus cuadernos.
sábado, 30 de enero de 2010
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